Cuando a las 20:48 Clemente estaba tremendamente importante con un toro geniudo de Juan Pedro Domecq, la cogida se precipitó en un desplante temerario, un instante de despiste. Lo atrapó la bestia con la violencia que transmitía, hundiendo el pitón por la taleguilla pero sin hacer carne. El gesto de dolor del torero francés, tendido en el ruedo, correspondía a una severa luxación de codo, según se supo luego; las cuadrillas lo trasladaron por el callejón a la enfermería, donde lo desvistieron en busca de la cornada que no llevaba en el muslo, afortunadamente.
El matador francés sufre una luxación de codo cuando peleaba con encomiable entrega con un toro de terrible peligro; Uceda y Aguado sin opciones
Cuando a las 20:48 Clemente estaba tremendamente importante con un toro geniudo de Juan Pedro Domecq, la cogida se precipitó en un desplante temerario, un instante de despiste. Lo atrapó la bestia con la violencia que transmitía, hundiendo el pitón por la taleguilla pero sin hacer carne. El gesto de dolor del torero francés, tendido en el ruedo, correspondía a una severa luxación de codo, según se supo luego; las cuadrillas lo trasladaron por el callejón a la enfermería, donde lo desvistieron en busca de la cornada que no llevaba en el muslo, afortunadamente.
Clemente había salido a jugarse la vida, y en ello se encontraba, con este quinto terrible, de pedernal, un depredador por el pitón izquierdo: colgaba de él una esquela. El valiente francés, que se había ido a portagayola al inicio de la lidia, escapando de milagro, se encajó con la mano derecha, por abajo, para tirar con aplomo de aquel temperamento hostil, esa tensión tan cabrona. Varias series de derechazos conquistaron el corazón de Madrid. Fue entonces cuando volvió a ofrecer la izquierda por ese criminal lado -qué terroríficos derrotes encajó- y, en el desplante, ya digo, lo volteó con una saña tenaz. Uceda acabó con su tarea y el público envió una ovación hasta las dependencias médicas. Conviene decir cuanto antes que la corrida cinqueña de Juan Pedro fue dura, geniuda, mala; nada que ver con la gran corrida del día de La Prensa. Pero se trataba de la corrida B de Juan Pedro, claro. Otras hechuras, otro tipo, muy cuesta arriba, mucho menos lujo. Y eso se notó también en el juego: soltó mucho las caras, huérfana por completo de clase, también, en su interior. A cambio sacó nula entrega, aspereza y, en definitiva, dureza. ¿Dureza y Juan Pedro en la misma oración? Pues sí. De cojones, además. Bravura y categoría no hubo -esas se las llevó todas la corrida de Roca Rey, la de la Puerta Grande de Diego Urdiales-; esta fue un dechado de mal estilo. Contrahecha y mala, que ya está dicho.
Ya lo demostró el juampedro de apertura, de lomo quebrado, montado y despegado del piso pero no alto, que traía una cabeza despampanante. Salió al paso, se quedó por debajo en el capote de Uceda Leal y, después de pasar discretamente por el caballo, se avinagró en banderillas, soltando mucho la cara. Pero no sólo: cuando Uceda ofreció su muleta, se vino por dentro, violentándose con genio. Un peligro sordo que imposibilitó todo. El elegante madrileño, que cumplía 75 paseíllos en esta su plaza, atisbó algunas posibilidades en un cuarto de alzada considerable; dejó un buen saludo a la verónica, como antes había dibujado un quite de dos verónicas y media de buen son. Lo del juampedro fueron espejismos: rebrincado entre tornillazos, sin romper, agarrado al piso… Uceda Leal quiso tirar de él con su izquierda y dejó tres naturales muy notables. Por anotar algo más en su haber, una trinchera del prólogo, una apuesta por el garbo más que por el poder. Acabó con una estocada corta.
Devolvieron un toro que ya no gustó de salida por sus estrechas sienes y su tipo culipollo como sello Domecq. Blandeó con reiteración ahondando en su condena. Un sobrero de Montalvo, cuajado, de armónica cara y escasa longitud de pitón, dijo poco también por dentro. El francés Clemente, que había soltado los brazos en un quite por chicuelinas en los albores de la tarde, compuso una faena de buen corte -incluso con una notable serie por la derecha, la mejor mano del toro- que nunca trepó. Dejó un sello interesante como siempre que pasa por Madrid.
Pablo Aguado pasó de puntillas con un lote a contraestilo, ciertamente malo -los pares más meritorios de Iván García en toda su rica feria fueron al sexto-. Apenas se puede rescatar un alado quite por chicuelinas. Ya dije que Aguado se acordaría de sus buenos toros en la frágil corrida del Puerto, la tarde del accidente de los tres avisos. Pero no voy por ahí: cumplía este viernes su tercera tarde en San Isidro y, más allá del paupérrimo balance, creo que se ha equivocado viniendo este número de corridas: las ambiciones de su administración compartida con un nuevo socio no se corresponden con su ambición como torero. Y tres tardes en Madrid pesan mucho.
Parte facultativo: Clemente sufre luxación de codo izquierdo. Policontusiones. Se realiza reducción e inmovilización con férula y se traslada para estudio radiológico. Pronóstico grave que le impide continuar la lidia.
MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Viernes, 5 de junio de 2026. Vigésima quinta de feria. Lleno de «No hay billetes». Toros de Juan Pedro Domecq, todos cinqueños; contrahechos, sin hechuras de lujo, sin clase ni bravura, con genio, mal estilo y dureza; y un sobrero de Montalvo (1º bis), manejable sin trasmisión.
UCEDA LEAL, DE GRANA Y ORO. Media estocada y tres descabellos (silencio); media estocada delantera (silencio);estocada delantera desprendida y cuatro descabellos (ovación para el francés que saludó la cuadrilla).
CLEMENTE, DE GRANA Y AZABACHE. Estocada (silencio).
PABLO AGUADO, DE MAQUILLAJE Y ORO. Dos pinchazos y estocada casi entera baja (silencio); estocada delantera y atravesada que escupe (silencio).
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