Hasta siempre, amiga Gemma Cuervo

<p>Una de las cosas más bellas que le puede ocurrir a una actriz que ha estado décadas subida a los escenarios es volver y conectar con las nuevas generaciones a través de un personaje que se queda aquí para siempre con nosotros.<strong> No es frecuente que pase, claro, pero cuando ocurre se da una especie de magia visceral.</strong></p>

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 Igual que Verónica Echegui y la Juani fuimos todas nosotras en nuestras adolescencias de barrio, Gemma Cuervo fue la vecina que no vamos a dejar que nadie saque ahora de aquí.  

Una de las cosas más bellas que le puede ocurrir a una actriz que ha estado décadas subida a los escenarios es volver y conectar con las nuevas generaciones a través de un personaje que se queda aquí para siempre con nosotros. No es frecuente que pase, claro, pero cuando ocurre se da una especie de magia visceral.

Lo pensaba hoy, después de ver todas las muestras de amor y de cariño con las que se ha homenajeado a la espléndida Gemma Cuervo estos días. Esa actriz tan suya que fue a la vez tan nuestra. Que las redes hayan estallado en lágrimas y en homenajes preciosos, en una época en la que parece imposible poner de acuerdo a nadie, solo habla del inmenso poder del arte para unir corazones y de cómo en el arte de actuar está también la posibilidad de ser eterna. Gemma Cuervo, que fue torbellino y fue escándalo, es también la vecina que ahora todos echaremos de menos.

El último homenaje que se llevó Gemma fue totalmente inesperado, cuando su hija Cayetana Guillén Cuervo la llevó de sorpresa a La Revuelta este diciembre. A una actriz que dio su vida al teatro había que despedirla con el teatro en pie. Y así ocurrió. Gemma hizo un pequeño baile, varias reverencias y antes de irse dijo emocionada a un público eufórico: «Yo no puedo dejaros, os quiero». Y no lo hizo.

Igual que Verónica Echegui y la Juani fuimos todas nosotras en nuestras adolescencias de barrio y Robe Iniesta fue nuestra banda sonora del desamor, Gemma Cuervo fue la vecina que no vamos a dejar que nadie saque ahora de aquí. ¿Qué vamos a hacer con esta adolescencia que se nos ha quedado de repente tan huérfana en los brazos?

Siempre me ha parecido torpe la palabra adiós. Una palabra tan corta para despedir una vida que debería ser eterna. Pero al final el adiós es todo lo que hay. La poeta uruguaya Idea Vilariño decía: Morirse/no morirse/ y estarse triste repartiendo adioses. Como si la vida fuera un constante moverse entre una de estas tres cosas. No sé quién puede acostumbrarse a lo último.

De la época vecinal ya no nos queda nada, como tampoco nos queda nada de esas series de televisión que nos unieron a todos en la pantalla. Pero entonces que nos quede siempre Gemma en el recuerdo y que nos queden también sus últimas palabras, que como buena vecina y mejor amiga nos dejó hace unos días en el muro de su Instagram: «Quizá todos estamos siempre en lo mismo: aprendiendo a querernos mejor. Escuchémonos. Intentemos caminar, aunque sea un momento, con los zapatos del otro. La vida es demasiado breve para no hacerlo. Os quiero».

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