José Lezama Lima, el escritor contradictorio e incómodo para quienes exigen trincheras

<p>»Soy un hombre sin biografía», decía <strong>José Lezama Lima</strong>, quizás porque sabía que su vida contradecía demasiado la imagen que proyectaba su obra. Escritor fundamental en la literatura cubana e hispanoamericana del siglo XX, con su novela <i>Paradiso</i> y la revista <i>Orígenes</i>, fue considerado por muchos jóvenes literatos en las décadas de los sesenta y los setenta como el abanderado de una propuesta de escritura absoluta frente al realismo revolucionario que imponía la ortodoxia castrista. Y, sin embargo, Lezama Lima ha ido perdiendo con el paso del tiempo esa centralidad que disfrutó, incluso en Cuba. Tal vez porque siempre fue un tipo contradictorio, difícil de clasificar en una generación -¿perteneció o no al Boom?-, a la par que incómodo para quienes exigen trincheras claras: era homosexual, pero contrajo matrimonio a los 54 años con una mujer; era católico heterodoxo, independiente, pero durante un tiempo apoyó la revolución. <strong>Una figura literaria que se ha visto reducida a la de escritor musealizado, referente teórico de la academia, pero hoy poco leído por las nuevas generaciones.</strong></p>

Seguir leyendo

 Ernesto Hernández-Busto publica, tras tres décadas de investigación, un monumental estudio sobre el autor cubano  

«Soy un hombre sin biografía», decía José Lezama Lima, quizás porque sabía que su vida contradecía demasiado la imagen que proyectaba su obra. Escritor fundamental en la literatura cubana e hispanoamericana del siglo XX, con su novela Paradiso y la revista Orígenes, fue considerado por muchos jóvenes literatos en las décadas de los sesenta y los setenta como el abanderado de una propuesta de escritura absoluta frente al realismo revolucionario que imponía la ortodoxia castrista. Y, sin embargo, Lezama Lima ha ido perdiendo con el paso del tiempo esa centralidad que disfrutó, incluso en Cuba. Tal vez porque siempre fue un tipo contradictorio, difícil de clasificar en una generación -¿perteneció o no al Boom?-, a la par que incómodo para quienes exigen trincheras claras: era homosexual, pero contrajo matrimonio a los 54 años con una mujer; era católico heterodoxo, independiente, pero durante un tiempo apoyó la revolución. Una figura literaria que se ha visto reducida a la de escritor musealizado, referente teórico de la academia, pero hoy poco leído por las nuevas generaciones.

Una evolución en la manera en que se percibe y entiende a este autor que ha ido acompañando la lenta y dedicada elaboración de lo que es su primera biografía, escrita por el poeta y traductor cubano Ernesto Hernández Busto, y cuyo primer volumen de los tres que consta, Años de formación (1910-1939), acaba de publicar la editorial Pre-Textos. Un proyecto descomunal, de tres décadas de escritura e investigación a partir de entrevistas con numerosas personas cercanas a Lezama, como su hermana Eloísa, con el que Busto ha querido construir una biografía «anglosajona»: de hechos factuales, alejada de la hagiografía y mostrando «luces y sombras», para situar a Lezama y su obra en un contexto histórico y personal: el intento y éxito de crear una literatura de alta cultura cubana -pero alejada de la academia- que dialogara con la cultura de Occidente.

«No solo quería apegarme a la obra y las circunstancias personales, sino también al otro lado de Lezama», señala Busto. Entre los logros indiscutibles de esta biografía destaca desmontar el intento de utilización de su figura que hizo el régimen castrista a partir de los años noventa, cuando cae el muro de Berlín y se ven obligados a cambiar la política cultural cubana, renunciando a las coordenadas soviéticas. «Es entonces cuando Lezama es recuperado como pieza clave por los herederos de la revista Orígenes que se quedaron en Cuba«, afirma Busto, para quien hay mucha hipocresía en esa operación: la misma que presenta a Lezama como el gran escritor nacionalista cubano cuando, en realidad, fue también el gran escritor censurado y marginado, considerado un enemigo político.

En las casi mil páginas de los tres volúmenes, en una edición muy cuidada con índice onomástico y fotografías desconocidas, Busto descifra a un Lezama misterioso y contradictorio. «Fue un hombre de grandes contradicciones: su apoyo inicial a la revolución siendo un católico con tesis heréticas, su variedad de intereses contrasta con la figura del ‘peregrino inmóvil’, fue un escritor hermético en su poesía que, sin embargo, era un gran conservador. Para sus contemporáneos, Lezama no era solo un escritor de libros casi incomprensibles, sino uno de los grandes conversadores de la historia y la literatura cubana. Esa dimensión oral es fundamental en él», apunta su biógrafo.

Busto destaca una característica de Lezama apenas tratada antes: su condición de escritor antimoderno, sobre todo en Paradiso, en el sentido en que definió esta categoría Antoine Compagnon: escritores profundamente modernos —como Charles Baudelaire— que, sin embargo, desconfían de la modernidad, del progreso histórico, del racionalismo ilustrado y de la ruptura con la tradición. No son reaccionarios sin más, son modernos a contracorriente de la modernidad. Es quizás el concepto más iluminador para entender a Lezama, un escritor que absorbió toda la cultura occidental para cuestionarla desde dentro, sin complejos de inferioridad coloniales y sin nostalgia reaccionaria.

En su relato biográfico, Busto trata también la estrecha relación de Lezama, autodidacta, con la literatura española: Góngora, Calderón, San Juan de la Cruz, Cervantes…, «sobre todo quienes son capaces de insertar la idea de lo mágico en un mundo crudamente realista». De sus contemporáneos, tuvo una relación especial con Juan Ramón Jiménez, García Lorca y María Zambrano, quien fue la primera en destacar la importancia del grupo de Orígenes. Sobre el debate del Boom, Busto es tajante: la gran novela de esa generación es Paradiso, precisamente porque es la única que escapa por completo a la lógica comercial que definió el fenómeno.

Dotando ahora a Lezama de esa gran biografía que un día lamentó no tener, Busto pretende devolver al escritor cubano al lugar que merece, no como icono del régimen ni como reliquia académica, sino como escritor vivo, incómodo y necesario.

 Cultura

Noticias Relacionadas