¿Pandemia?¿Qué pandemia?

<p>En las entrevistas promocionales de <i>Amarga Navidad</i>, Pedro Almodóvar cuenta cómo, tras la pandemia, no ha parado de trabajar. No es el suyo un caso aislado entre los creadores, y más a partir de determinada edad. Menudo susto fue el covid (y más para ellos) como para no salir de aquello con ganas de morir lo más tarde posible y, a ser posible, sobre el escenario. Fueron ellos y ellas también los menos interesados en relatar aquella pesadilla colectiva. <strong>En la pandemia hubo bastante producción de ficción, pero muy poca era sobre la pandemia.</strong> Isabel Coixet, que también ha estado de promoción en las últimas semanas (de Tres adioses, en su caso) insiste en el nulo interés que tenía en hablar de la crisis sanitaria global de 2020, presente en el libro que origina su película. Mi primer trabajo fuera de casa aquella primavera fue precisamente entrevistar a Coixet para mi podcast. Hablamos de todo menos de mascarillas, gel hidroalcohólico, pan o yoga. Mantuvimos la distancia de seguridad, eso sí. Y estábamos, yo al menos, acojonados. He hecho pocas entrevistas peores.</p>

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 No se habló del covid entonces porque vivíamos en la incertidumbre. Tampoco justo después para no mencionar la soga en casa del ahorcado. Y ahora, como nos despistemos, se nos olvidará  

En las entrevistas promocionales de Amarga Navidad, Pedro Almodóvar cuenta cómo, tras la pandemia, no ha parado de trabajar. No es el suyo un caso aislado entre los creadores, y más a partir de determinada edad. Menudo susto fue el covid (y más para ellos) como para no salir de aquello con ganas de morir lo más tarde posible y, a ser posible, sobre el escenario. Fueron ellos y ellas también los menos interesados en relatar aquella pesadilla colectiva. En la pandemia hubo bastante producción de ficción, pero muy poca era sobre la pandemia. Isabel Coixet, que también ha estado de promoción en las últimas semanas (de Tres adioses, en su caso) insiste en el nulo interés que tenía en hablar de la crisis sanitaria global de 2020, presente en el libro que origina su película. Mi primer trabajo fuera de casa aquella primavera fue precisamente entrevistar a Coixet para mi podcast. Hablamos de todo menos de mascarillas, gel hidroalcohólico, pan o yoga. Mantuvimos la distancia de seguridad, eso sí. Y estábamos, yo al menos, acojonados. He hecho pocas entrevistas peores.

Supongo que dentro de veinte años todo eso sí será atractivo para guionistas y directores. Que lo verán con perspectiva y se plantearán recordarlo. No sé si a mí se me pasará la incomodidad que me invade cada vez que veo imágenes de eventos con mascarilla y distancia social. Participé en unos cuantos y lo hice gustoso. Lo que sea con tal de no estar encerrado en casa.

No ha habido grandes películas pandémicas. Ni series. Al margen de los experimentos que la gente grabó en sus casas, casi nada. Las series «confinadas» es mejor olvidarlas y atribuirlas a que los actores, además de haciendo pan, yoga o lecciones del Duolingo, podían entretenerse grabándose a sí mismos. El olvido colectivo de aquellas producciones tiene más que ver con lo malas que eran que con su mirada sobre la crisis. Las series más valientes fueron ficciones como Industry o Succession. Esta última dejó claro que en su universo el covid era, a efectos, cosa de «los otros». En la serie de HBO no hubo trama de colarse en las listas de vacunación pero todos sabíamos que sus personajes lo habían hecho. Por su parte, Anatomía de Grey y This Is Us jugaron la carta del costumbrismo y no cercenaron el covid de su línea temporal, algo que sí hicieron otras series contemporáneas que automáticamente pasaron a habitar en un universo paralelo en el que el covid nunca existió. Pero el caso es que ese universo se ha terminado imponiendo y lo que parecía una obligatoria epifanía planetaria y un tema transversal e inevitable, terminó siendo una elección para los creadores de películas y series. No se habló del covid entonces porque vivíamos en la incertidumbre. Tampoco justo después para no mencionar la soga en casa del ahorcado. Y ahora, como nos despistemos, se nos olvidará. Lo cual no es necesariamente malo. Como ponerse las pilas a los setenta después de haberle visto las orejas al lobo.

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