Así ha sido la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026

La gala de entrega de los Premios Princesa de Asturias celebrada este viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo ha situado el concepto de futuro en el centro del debate cultural, científico y político internacional. En un escenario emblemático marcado por la presencia de galardonados de la talla de Patti Smith, Julian Barnes, Christina Koch, Leo Messi, David Klenerman, Shankar Balasubramanian, Pascal Mayer, el Studio Ghibli y la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, las distintas intervenciones coincidieron en reflexionar sobre los desafíos globales y el papel de las nuevas generaciones ante las incertidumbres del siglo XXI.

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La gala de entrega de los Premios Princesa de Asturias celebrada este viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo ha situado el concepto de futuro en el centro del debate cultural, científico y político internacional. En un escenario emblemático marcado por la presencia de galardonados de la talla de Patti Smith, Julian Barnes, Christina Koch, Leo Messi, David Klenerman, Shankar Balasubramanian, Pascal Mayer, el Studio Ghibli y la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, las distintas intervenciones coincidieron en reflexionar sobre los desafíos globales y el papel de las nuevas generaciones ante las incertidumbres del siglo XXI.

El discurso de mayor trascendencia geopolítica e intelectual corrió a cargo del historiador británico Timothy Garton Ash, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales. Dirigiéndose expresamente a la heredera de la Corona, el célebre pensador aseveró que «El futuro tanto de Europa como de la libertad dependerá cada vez más de su generación de europeos, Alteza». Durante su intervención, Garton Ash recordó la atmósfera colectiva del año de nacimiento de la Princesa al señalar que «Nacer en Europa en 2005, como nació usted, significaba llegar al mundo en un momento de expansión sin precedentes de la libertad, la paz y la integración europea. (Una Europa que, por cierto, incluye, como es evidente, a Gran Bretaña; al fin y al cabo, la primera princesa de Asturias fue Catalina de Lancaster). Nunca, a lo largo de los siglos, habíamos estado tan cerca de hacer realidad la visión de una Europa unida y libre como en aquel momento dorado, en torno al año 2005».

No obstante, el historiador advirtió sobre el deterioro del contexto sociopolítico actual enfatizando que «Todo lo conseguido desde 1945 —esa Europa que muchos miembros de su generación, Alteza, daban por sentada— se encuentra hoy amenazado en su propia existencia». Para reorientar el rumbo del continente y garantizar la pervivencia del modelo democrático, el premiado señaló que «para defender, reformar y ampliar una Europa libre» resultan indispensables tres pilares fundamentales. En primer lugar, reclamó «Un compromiso profundo con la búsqueda de la verdad» frente a «la vasta sinfonía de engaños» articulada por «las redes sociales, la inteligencia artificial, las potencias hostiles y algunas personas en puestos de poder».

Como segundo pilar, el intelectual defendió la necesidad de «Recuperar la confianza» mediante el impulso de «buenas políticas» respaldadas por «instituciones respetadas, capaces de adaptarse continuamente» y enriquecidas por «las aportaciones de personas individuales en todos los ámbitos de la sociedad». Finalmente, apelando a una metáfora deportiva profundamente enraizada en la cultura española, Garton Ash reivindicó «el tiquitaca» argumentando que «el éxito requiere del genio individual y de un sofisticado trabajo en equipo«.

La vertiente artística del certamen ofreció instantes de intensa emoción. La cantante estadounidense Patti Smith, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes, dedicó emotivas palabras a la juventud tras haber mantenido encuentros con estudiantes durante toda la semana. En sus palabras de gratitud, la mítica artista declaró: «A título personal, agradezco las oportunidades que la Fundación me ha brindado de hablar cara a cara, interactuar y actuar para tantísima gente joven y prometedora». Asimismo, tras recitar algunos versos y cantar a cappella su tema Wing, la intérprete reflexionó sobre el significado del reconocimiento señalando que «Un reconocimiento así, en mi opinión, nos permite detenernos un instante a reflexionar sobre lo que hemos logrado en la vida hasta ahora. Pero, ya cerca de cumplir ochenta años, también creo que el premio es un incentivo para seguir trabajando y evolving, para encontrar nuevas formas de ayudar del mejor modo posible a la gente y dar esperanza y estabilidad a las nuevas generaciones. […] Todos nos iremos de aquí con un premio mayor que el que anticipábamos, el de la amistad duradera», añadiendo que los premiados «han contribuido a mejorar el bienestar del mundo y de las personas, son referentes que promueven la alegría, protegen el medioambiente, exploran con audacia, defienden los derechos humanos, incentivan la curiosidad intelectual y constituyen una fuente de orgullo».

Por su parte, el escritor británico Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras, abordó la evolución de las disciplinas creativas desde una perspectiva alegórica y atemporal: «Ya no pienso que las artes sean progresivas y que cada evolución mejore la precedente. Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos». Recordando sus inicios como lector y crítico, el autor admitió haber dado por «sentado sin la menor duda que cada una de las artes, a lo largo de los siglos, evidenciaba un progreso inevitable» debido a que «todo lo demás en el mundo también había progresado: la ciencia, la tecnología, la sociedad, la política…», estudiándose de forma analítica y «cronológicamente». Sin embargo, el novelista contrapuso su visión actual sosteniendo que «las artes pueden dar la impresión de progreso, aunque a menudo expresan versiones nuevas de verdades antiguas», recordando juicios históricos como los de Voltaire hacia Shakespeare tachado de «desastrosa» influencia o las miradas de Renoir a Velázquez afirmando que «todo ya está dicho».

En esa particular reunión imaginaria descrita por el autor, Barnes concluyó: «Imagino que Renoir le pregunta a Velázquez cómo demonios pintó sus cuadros, que Voltaire rectifica el desdén que profesaba antaño a Shakespeare, que Flaubert (que se describe a sí mismo como «un viejo romántico») manifiesta su veneración por Cervantes y también, quizá, pone mala cara a ese inglés, sentado ahí en un taburete, que tuvo la insolencia y la locura, un siglo después de muerto el autor francés, de escribir un libro titulado El loro de Flaubert».

El cierre de las intervenciones estuvo marcado por la experiencia humana y científica de la astronauta estadounidense Christina Koch, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia y primera mujer seleccionada para orbitar la Luna en la misión Artemis II bajo el lema «De todos y para todos». La ingeniera rememoró su primer viaje a España en 2003 tras la tragedia del transbordador Columbia: «Viajar al espacio es un proyecto de toda la humanidad, y la noticia de la tragedia corría por las calles de todo el mundo. Nuestros embajadores de la Tierra, esos tripulantes de la nave espacial, habían hecho el sacrificio supremo y el mundo entero se puso de luto. Diez años después recibí una llamada informándome de que podía formar parte de la tripulación de una nave espacial».

Rememorando las sensaciones vividas en el espacio mientras «la luna se hacía cada vez más pequeña a través de la ventana de la cápsula», la astronauta compartió el diálogo mantenido con su esposo sobre la reacción colectiva en la Tierra. Su cónyuge le relató que algo especial sucedía «aquí abajo», comprobando que la sociedad se unía por encima de diferencias políticas o socioeconómicas, a lo que ella respondió emocionada: «Eso es lo que siempre quisimos». Ante un Teatro Campoamor puesto en pie, Koch apeló a la unidad global argumentando que «No esperen a la próxima misión a la luna para darse cuenta de que sus semejantes son sus compañeros de tripulación. Artemis no tiene por qué ser una anomalía en un mundo que, por lo demás, es ‘una locura’. Elijan el mundo en el que quieren vivir en cada interacción, en cada calle. Elijan vivir sabiendo que la verdadera plenitud está en dar, no en recibir. Confíen, sean agradecidos, muéstrense vulnerables».

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