El 40 aniversario de El nombre de la rosa, la película que al principio no gustó a nadie: «Traicioné al libro, pero respeté a Umberto Eco»

Parecía un fracaso. Su estreno en EE. UU., en septiembre de 1986, pasó casi desapercibido. Un mes después, en Italia, El nombre de la rosa, de Jean-Jacques Annaud, fue destrozada por la crítica. «De forma tan violenta que me ocultaron los periódicos italianos», recuerda el director francés. Hace un mes radiografió los problemas de la película y su adaptación en La Milanesiana -un festival cultural- con motivo del 45 aniversario de la publicación de la novela de Umberto Eco y del 40 aniversario de la película.

 Habla Jean-Jacques Annaud, el director francés que adaptó la novela del autor italiano. La película no fue un clásico instántaneo. Fue destrozada por la crítica y solo se podía ver en dos cines. El resto es historia  

Parecía un fracaso. Su estreno en EE. UU., en septiembre de 1986, pasó casi desapercibido. Un mes después, en Italia, El nombre de la rosa, de Jean-Jacques Annaud, fue destrozada por la crítica. «De forma tan violenta que me ocultaron los periódicos italianos», recuerda el director francés. Hace un mes radiografió los problemas de la película y su adaptación en La Milanesiana -un festival cultural- con motivo del 45 aniversario de la publicación de la novela de Umberto Eco y del 40 aniversario de la película.

«El fracaso parecía tal que solo dos cines, uno en Roma y otro en Milán, la proyectaban. Pero en unas semanas todo cambió y la película se convirtió en la más taquillera de la temporada. Desde entonces, contando las emisiones televisivas, la han visto casi mil millones de personas en todo el mundo».

Una novela policíaca teológica era, en efecto, todo un reto
Me enamoré de ella nada más leerla. Sé griego antiguo y en mi mesilla de noche tenía la Poética de Aristóteles, pieza clave de la historia. Además, me apasiona la Edad Media. Me dije: este libro está escrito para mí. A través de Gasset, el editor francés, solicité inmediatamente los derechos.
¿Por qué pasaron cinco años hasta el primer ‘acción’?
El tema era complejo, se hablaba del conocimiento prohibido, de la imposibilidad de conocer la verdad… Hicieron falta 17 guiones hasta dar con el adecuado. Y visitamos 300 abadías para luego inventarme la mía, tal y como había sucedido en la mente de Eco. Con quien, mientras tanto, nos habíamos hecho amigos.
¿Cómo lo conoció?
Estaba en París, me llamó para pedirme que lo acompañara al aeropuerto. Fui a recogerlo al hotel y vi recortarse en las escaleras la sombra de Sherlock Holmes, con gorra, capa y pipa. Enseguida comprendí que tenía ante mí a un hombre ingenioso y burlón. Empezamos a vernos, conocí a su familia, a su brillante esposa Renate. Su hijo Stefano se convirtió en mi asistente en el plató.
¿Intervino Eco alguna vez en su trabajo?
Se cuidó mucho de hacerlo. «Este es mi libro», me dijo, «esa será tu película. Haz con ella lo que quieras, incluso un musical». Así era él: culto, serio, hedonista. Muy orgulloso de ser el presidente del festival de la trufa.
Al final, la película resultó muy diferente de la novela.
Traicioné el libro, pero respeté al autor. Una vez terminado el montaje, Umberto, si no hubiera estado convencido, podría haber retirado su firma. Pero la dejó.
¿Es cierto que se quedó perplejo con Connery para el papel de Baskerville?
Vino al plató, fue a visitarlo a su caravana. Salió pálido como un trapo. «Es muy competente», me dijo, «sabe de todo de fútbol». Yo también al principio tenía muchas dudas. La etiqueta de 007 era demasiado pesada, corría el riesgo de eclipsar al fraile investigador. Pero en cuanto Sean empezó a leer sus líneas, comprendí que era justo lo que tenía en mente. El carisma hizo el resto, incluso Eco quedó entusiasmado.
En La Scala acaba de estrenarse la ópera de Francesco Filidei basada en ‘El nombre de la rosa’.
No he podido verla, pero espero poder hacerlo cuando vaya a París. Tengo mucha curiosidad por esta nueva versión. Los clásicos se mantienen fieles a sí mismos, aunque se expresen en diferentes lenguajes. En el encuentro de Milán, en el Anteo [el palacio del cine], conversaré con Mario Andreose, editor y amigo de Eco, y con Milo Manara, autor de una versión en cómic de la novela. Otro lenguaje más.
La película termina con el incendio de la abadía. Su primer éxito fue ‘La guerra del fuego’, el último ‘Notre Dame en llamas’. ¿Es el fuego una constante en su obra?
El fuego es fascinante, impredecible. El peor de los demonios. El villano perfecto del cine.
¿Cuál es su próximo proyecto?
Hay muchos, pero todos están congelados. Para el cine es un momento complicado: en EE. UU. está paralizado por los aranceles; en Europa, por la falta de salas adecuadas. Las mejores que he visto hoy en día están en China. Allí, de hecho, al cine le va muy bien.

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