La corrida de Miura pesó, incluyendo el sobrero, 4.360 kilos. Un promedio de 623 kilos por toro. Mucha caja, mucho hueso, un trapío sin fisuras, acorde a la leyenda de Zahariche. Con la emoción propia de las fieras de la casa y también la impropia de dos toros notables. Y algunos otros duros pero con opciones. Román cuajó la faena de la tarde al excepcional tercero —eso sí que es suerte debutando con miuras en Sevilla—, pero perdió el triunfo por la espada; precisamente por ella, Escribano cortó la única oreja del festejo con una soberbia estocada. El pobre Pepe Moral apechó con dos bestias del infierno. Un conjunto interesante que devolvió a los miuras al sitio que les corresponde por historia en este cierre de feria.
El valenciano cuaja al mejor toro de la corrida de Miura pero pierde el triunfo por la espada y el sevillano amarra, precisamente por ella, la única oreja de la tarde
La corrida de Miura pesó, incluyendo el sobrero, 4.360 kilos. Un promedio de 623 kilos por toro. Mucha caja, mucho hueso, un trapío sin fisuras, acorde a la leyenda de Zahariche. Con la emoción propia de las fieras de la casa y también la impropia de dos toros notables. Y algunos otros duros pero con opciones. Román cuajó la faena de la tarde al excepcional tercero —eso sí que es suerte debutando con miuras en Sevilla—, pero perdió el triunfo por la espada; precisamente por ella, Escribano cortó la única oreja del festejo con una soberbia estocada. El pobre Pepe Moral apechó con dos bestias del infierno. Un conjunto interesante que devolvió a los miuras al sitio que les corresponde por historia en este cierre de feria.
Saltó la noticia casi hora y media después del comienzo de la última tarde de feria: Lamparillo se puso a embestir con un saco de virtudes del toro moderno, que es el mejor de la historia. Y saltó también la sorpresa, pues Román, el único de la terna no especialista en miuras, estuvo extraordinariamente bien. Claro que el miura no embestía como miura, pero había que estar así de templado con el toro; que por hechuras también apuntaba líneas cercanas a especímenes con posibilidades de embestir, esa cuesta abajo como para humillar —en la medida de un miura—, primera clave para poder torear como hoy se exige.
Román corrió la mano por uno y otro pitón, con largura y asiento; no dudó cuando alguna vez el toro sí lo hizo o se entrometió el viento y, en definitiva, toreó sin mácula. Tanto, que la Maestranza se entregó a su estupendo hacer. Pero, cuando ya se sentía el triunfo, una oreja de peso seguro, el matador valenciano pinchó. Y se igualó con la espada con sus compañeros de terna, los especialistas de Miura, Manuel Escribano y Pepe Moral, que dilapidaron sus esfuerzos —desde la suerte a portagayola— con miureños complejos, especialmente el sobrero de Moral, ya que el toro de Escribano tuvo su trato sin humillar nunca. A los dos sevillanos se les fue el acero a los bajos.
Escribano se desquitó con una gran estocada al cuarto de la tarde, otro miura de buen fondo (no tan notable el estilo como Lamparillo). El veterano matador de Gerena lo entendió con lucidez para interpretar las alturas —no le sobraba el poder al miureño—, la suavidad para echar la muleta y, sobre todo, el punto de enganchar, traer y llevar con precisión. El espadazo remató la faena al alza y todo el esfuerzo anterior con las banderillas y, otra vez, a portagayola. Disfrutó de la vuelta al ruedo con su oreja de ley.
Abutardo, el quinto, un tío de 636 kilos de peso, respondió con la bravura atávica de Zahariche. Una bestia con una agilidad de cuello criminal que en el caballo se empleó con poderío. Pepe Moral debió maldecir su suerte: su lote, la bola negra del mal bajío, llevaba dentro la muerte. Un depredador. Resolvió con brevedad, por fortuna, aunque suene a contradicción.
Nada más ver el sexto, la conclusión era clara: con aquellas bajas hechuras, otra expresión, otra cara, otra encornadura, también cárdeno como el anterior de Román, se sacó una conclusión; ese era el lote. No regaló nada, arreó tela, pero siempre por abajo; un modo de embestir con mucha tralla, una repetición de infarto, un disparo duro, a veces por dentro. Decían algunos que como embisten los miuras; más bien como embisten otros toros grises… Román tragó mucho, no siempre acertando a ganarle la acción —nada fácil—, que era cuando el miura respondía mejor. Y, lo que son las cosas, a este, sin posibilidad de triunfo, lo mató perfecto.
La Feria de Abril se cerró con una interesante corrida de Miura y otra gran entrada. Destacaron dos toros notables —el estupendo 3.º y el buen 4.º— entre algunas fieras del averno —2.º y 5.º— y algún toro duro pero con opciones. Román pinchó la faena de la tarde a Lamparillo (saludos en ambos) y Manuel Escribano cortó la única oreja por un sensacional espadazo (silencio y oreja). Pepe Moral sorteó lo más violento de la legendaria casa de Zahariche (silencio en ambos).
Noticias de Cultura

