Rockefeller Plaza: el show ‘retro’ que inspiró a una generación de comediantes pero hoy podría no hacer ninguna gracia

El remontaje de Kill Bill en una sola película ha sido un acontecimiento cinematográfico. En los medios y en las salas de cine que la han programado, Kill Bill: The Whole Bloody Affair ha funcionado bien. No era un estreno pero era un estreno, y no sólo porque Tarantino no se haya limitado a empalmar la parte uno y la parte dos de su obra maestra. Que Rockefeller Plaza llegue a Netflix también es un acontecimiento televisivo. O debería.

 Su llegada a Netflix es noticia, pero hoy, sus tramas y chistes, anclados a una actualidad que ya no existe podrían ser casi abstractos. Como los de Siete vidas  

El remontaje de Kill Bill en una sola película ha sido un acontecimiento cinematográfico. En los medios y en las salas de cine que la han programado, Kill Bill: The Whole Bloody Affair ha funcionado bien. No era un estreno pero era un estreno, y no sólo porque Tarantino no se haya limitado a empalmar la parte uno y la parte dos de su obra maestra. Que Rockefeller Plaza llegue a Netflix también es un acontecimiento televisivo. O debería.

Aunque en su momento ya pudo verse en España, la comedia de Tina Fey vuelve 20 años después de su estreno inicial en EE.UU. Allí fue un pequeño fenómeno y ganó premios a saco pero, por lo que sea, no teniendo el éxito de audiencia de otras comedias. Más de una vez Fey bromeó, mientras recogía un premio y otro más, con los pocos espectadores que seguían su serie. Mucho más en serio, la creadora agradecía que algo como Rockefeller Plaza sobreviviese entre ficciones más baratas y masivas. Hoy esta serie sigue siendo una referencia para guionistas de comedia del mundo entero y su autora y protagonista es considerada una maestra. Suyas son también Chicas malas y Unbreakable Kimmy Schmidt.

30 Rock (el nombre original de la serie) es la dirección neoyorquina (real) en la que se produce y emite TGS un programa televisivo de humor (ficticio) que Liz Lemon (Tina Fey) escribe semanalmente. Se trata de un renqueante show que Jack Donaghy (Alec Baldwin), un sobradísimo directivo de la cadena, pretende reflotar. El show y la cadena. Y todo lo que le dejen. El pragmatismo socarrón de Jack choca con la neurosis y la inocencia de Liz, que a su vez tiene que bregar con las extravagancias de Tracy Jordan (Tracy Morgan) la nueva estrella del programa, un rapero empanado que tampoco gusta demasiado a Jenna (Jane Krakowski), la chifladísima diva residente con la que Liz Lemon convive, a veces incluso literalmente, desde la juventud.

Solo con ellos Rockefeller Plaza ya tendría material para ser una comedia genial, pero es que además cuenta con un desfile de estrellas y cameos impresionante. A lo largo de sus siete temporadas, disponibles ya en Netflix, pasan por la serie Jon Hamm, Jennifer Aniston, Steve Buscemi, Matthew Broderick, Jerry Seinfeld, Matt Damon, Julianne Moore, Peter Dinklage, Betty White, Salma Hayek, Steve Martin, Michael Keaton, Alan Alda, Carrie Fisher… Más los que se interpretan a sí mismos: Oprah Winfrey, Buzz Aldrin, Al Gore, Condoleeza Rice

Algunos de estos últimos nombres suponen sin embargo un problema para la serie. Y es que son nombres que pertenecen a un momento muy concreto. Hoy, las tramas y los chistes, la mayoría autorreferenciales, en las que aparecen podrían ser casi abstractas. O peor aun: no hacer ninguna gracia. Rockefeller Plaza aprendió a no ser demasiado Nueva-York-céntrica, pero no quiso nunca renunciar a su humor conectadísimo con la actualidad. Hoy esa actualidad es pasado y muchos de sus chistes, como los de Siete vidas, se estrellarán contra el muro del espectador que no se acuerda de Condoleeza o de Rubalcaba. No es incultura, son 20 años.

De Rockefeller Plaza se acuerdan los guionistas del mundo entero, hoy y siempre, cuando se enfrentan a la escritura de una sitcom. Sólo por eso la serie de Tina Fey es un clásico y su incorporación al catálogo de la plataforma más potente, un acontecimiento. Muchos volverán a verla ahora ahí. Otros se acercarán a ella por primera vez. Y quizá la consideren retro. Pasó menos tiempo entre el estreno de Padres forzosos y el de Rockefeller Plaza que entre el estreno de Rockefeller Plaza y hoy. Dice el tango que 20 años no es nada. Pero es mucho.

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