La primera de la Feria de los Remedios se hizo larga. Casi tres horas de festejo para encontrar en el sexto la única oreja, la que cortó un Ignacio Garibay al rescate después de una faena de total entrega.
Premio a la capacidad y el valor del mexicano de la Escuela Yiyo en un festejo que duró casi tres horas y en el que David López perdió un trofeo por la espada
La primera de la Feria de los Remedios se hizo larga. Casi tres horas de festejo para encontrar en el sexto la única oreja, la que cortó un Ignacio Garibay al rescate después de una faena de total entrega.
Como ya hiciera en su primero, salió a por todas en este el mexicano de la Escuela Yiyo, quitando por chicuelinas y tafalleras antes de recibir al novillo de muleta con un pase cambiado por la espalda. Su técnica evitó que el animal terminara yéndose a terrenos de tablas y su valor permitió encontrar momentos de gran lucidez ante un oponente desclasado.
Fue todo entrega la faena de Garibay, que no dejó de mostrar buenas maneras pese a las dificultades que planteó el novillo. Muy firme, apuró las últimas embestidas y cerró con manoletinas antes de dejar una estocada que, esta vez sí, encontró premio in extremis.
El mexicano ya había dejado muestras de su actitud en el primero de su lote, al que recibió con una larga cambiada y verónicas de hinojos que despertaron a parte del tendido. Comenzó después la faena de muleta agarrado a tablas y logró una primera tanda en redondo de profundidad. Pero el novillo se vino abajo demasiado pronto y con él se desvanecieron las opciones de triunfo. Garibay insistió sin encontrar respuesta y terminó entre los pitones.
La tarde había comenzado torcida. El presidente tardó siglos en ver lo que el resto de la plaza vio en pocos segundos: que el primero estaba inválido de salida. Cuando finalmente lo devolvió, después de una espera que encendió los ánimos de la plaza, corrió turno y David López se hizo cargo del que iba a ser cuarto.
El novillo, Titino, tuvo calidad en el capote y el torero de Colmenar Viejo consiguió templarlo a la verónica con suavidad, calmando una plaza que había comenzado a impacientarse. Una primera serie en redondo, ejecutada con profundidad, hizo albergar esperanzas de una faena de mayor vuelo. Sin embargo, faltaron alegría y ligazón y la obra no terminó de tomar forma ni vuelo.
El citado sobrero de El Soldado, que hizo las veces de cuarto, ofreció mayor fortaleza que el resto. Y ahí sí salió David López dispuesto a aprovecharlo. Comenzó con ayudados por alto de rodillas y mantuvo la actitud hasta terminar genuflexo. Hubo series por ambas manos en las que el colmenareño se gustó y encontró momentos de buen toreo. La faena, sin embargo, quedó sin premio por culpa de los aceros.
Jorge Hurtado, que entró en lugar del lesionado Álvaro Serrano, recibió a su primero con voluntad y no menos parsimonia. Logró algún natural templado antes de que el novillo se parase. La espada tampoco le funcionó y el conjunto se hizo largo.
Por parámetros similares transcurrió su faena al quinto, otro novillo noble, aunque de embestida más áspera, al que Hurtado trató de sacar partido con voluntad. Sonó la música, hubo algún momento estimable y también un desarme, pero la obra no terminó de explotar. Para colmo, la espada cayó baja.
Plaza de toros de La Corredera. Sábado, 28 de agosto. Primera de la Feria de los Remedios. Un tercio de entrada. Novillos de Blohorn, correctos de presencia, nobles en conjunto y aunque faltos de raza; el mejor fue el 4, sobrero de El Soldado, con clase y movilidad.
David López, de nazareno y oro. Cinco pinchazos y el novillo se echa. Aviso (silencio). En el cuarto, más de media y seis descabellos. Aviso (ovación).
Jorge Hurtado, de azul celeste y oro. Pinchazo, más de media delantera y tres descabellos. Aviso (silencio). En el quinto, estocada delantera y baja (ovación).
Ignacio Garibay, de grana y oro. Pinchazo y estocada caída. Aviso (silencio). En el sexto, estocada (oreja)
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