En algún momento, quizá hace 15 años, fueron cuatro. Los cuatro fundadores. Los cuatro originales, si cabe. Los cuatro que lucharon incansables contra una situación insostenible: conseguir vivir de la música. Hasta que el primero de ellos lo dejó, y detrás suyo fue el siguiente y… el siguiente. Ahora solo queda uno de esos originales. De los fundadores. Pero la agrupación sigue en pie, esta vez con caras nuevas. Hace casi dos décadas ellos eran Viva Belgrado – «porque al primer batería le gustaba y no sabíamos que tendríamos que competir con Viva Suecia»-. Ahora son su versión renovada. «La esencia más pura sigue siendo la misma. Continuamos el espíritu primigenio y nuestra forma de hacer las cosas, porque no es sólo música, es nuestra filosofía». Quien habla es Jaime Acosta, una de esas nuevas incorporaciones y, desde hace varios años, el guitarrista de la banda. A Acosta se suma Cristina G. Sánchez -al bajo y teclado- como novedad del grupo tras la salida de Ángel en 2025; junto a Álvaro Mérida (batería) y Cándido Gálvez, la voz de Viva Belgrado y el único miembro fundador restante.
La banda indie cordobesa se mueve entre el hardcore y ritmos mucho más melódicos en ‘Mientras el Guadalquivir fluye, fluye y fluye’, su quinto y último álbum de estudio que se estrenará el 23 de octubre: «Sólo nos queda poder vivir de la música», reconocen
En algún momento, quizá hace 15 años, fueron cuatro. Los cuatro fundadores. Los cuatro originales, si cabe. Los cuatro que lucharon incansables contra una situación insostenible: conseguir vivir de la música. Hasta que el primero de ellos lo dejó, y detrás suyo fue el siguiente y… el siguiente. Ahora solo queda uno de esos originales. De los fundadores. Pero la agrupación sigue en pie, esta vez con caras nuevas. Hace casi dos décadas ellos eran Viva Belgrado – «porque al primer batería le gustaba y no sabíamos que tendríamos que competir con Viva Suecia»-. Ahora son su versión renovada. «La esencia más pura sigue siendo la misma. Continuamos el espíritu primigenio y nuestra forma de hacer las cosas, porque no es sólo música, es nuestra filosofía». Quien habla es Jaime Acosta, una de esas nuevas incorporaciones y, desde hace varios años, el guitarrista de la banda. A Acosta se suma Cristina G. Sánchez -al bajo y teclado- como novedad del grupo tras la salida de Ángel en 2025; junto a Álvaro Mérida (batería) y Cándido Gálvez, la voz de Viva Belgrado y el único miembro fundador restante.
Viva Belgrado -la versión 2.0, claro- no ha parado. De hacer giras, de tocar en salas independientes y de componer, sobre todo. Han pasado dos años desde Cancionero de los cielos, ese cuarto y último disco de la banda, y ahora quedan unos pocos días para el lanzamiento del siguiente. Mientras el Guadalquivir fluye, fluye y fluye, se llama. «Nos gustaba mucho la visión del hombre frente a un gran hito geográfico como es el río, que siempre ha estado ahí y estará miles de años más. Hace que las canciones parezcan algo nimio«, explica Gálvez. No es un accidente que el río andaluz aparezca en el título. La banda, cordobesa de nacimiento, no ha dudado en incluir referencias del imaginario colectivo para conectar con la provincia que llevan por bandera.
Pero hay algo más en el título. Viva Belgrado alude en este quinto disco -que saldrá el próximo 23 de octubre- a los cambios de agrupación, pero también a los de sonido, porque este, dicen, es su álbum más accesible hasta la fecha. «Empezamos siendo una banda muy vinculada a géneros más duros como el punk, el hardcore o estilos más extremos, y con la edad hemos optado por lo melódico. Esa urgencia de la adolescencia se ha tamizado con la madurez, y con ello la forma en la que sonamos», comenta el vocalista. Acosta, por su parte, lo simplifica: «Esto es lo más mainstream que hemos hecho. Para nuestros padres es satánico, pero para alguien a quien le gusta el screamo somos El Canto del Loco. Estamos en tierra de nadie». Mientras el Guadalquivir fluye, fluye y fluye no es sólo su último proyecto, sino un lema de vida que aplican en su música. Y eso de no dejarse arrastrar por la corriente que repiten incansables en sus letras se lo llevan a un plano físico. «Nos obsesiona mucho estancarnos. Con cada disco el gran reto es hacer algo nuevo. Mientras que muchas bandas se limitan a hacer un ejercicio que se les da bien y repiten la fórmula, nosotros tenemos la neurosis de no querer repetirnos nunca».
Este quinto álbum retoma la idea del presente, de vivir en el día a día y de no estancarse en el pasado. También mencionan el futuro, el que quieren y sobre el que trabajan. Todo parte, dicen, de un mismo lema: Do it Yourself o hazlo tú mismo, por sus siglas en inglés. No es más que una frase, pero para la banda es algo así como su mandamiento principal. Tienen su propio sello, se autoeditan y se distribuyen sin necesitar el apoyo de una discográfica. «Intentamos hacer las menores concesiones posibles con lo que nos huele mal de la industria», señala Gálvez. Previsores, autosuficientes. «Obsesionados con el control», lo llaman, aunque con la edad hayan aprendido a «pulir el ego» y delegar tareas en su círculo de confianza. «Es todo parte de hacerse mayor», confiesa.
Empapan su discurso de una experiencia que, efectivamente, han desarrollado a lo largo de los años. Han cambiado. Han evolucionado, mejor dicho. Porque empezaron en 2011 y su realidad ya no es la misma. «Ahora estamos en una etapa muy dulce, antes el querer dejar la banda era un pensamiento constante. Estábamos en crisis permanente». No ha sido fácil, dicen. En todo este tiempo han terminado sus estudios, han buscado trabajo y se han dado cuenta de que la música no iba a serlo. Porque la agrupación cordobesa aún no ha podido rentabilizar su éxito y continúa trabajando para compaginar su vida laboral con la música. «Hacemos malabares intelectuales, familiares y emocionales. A nivel egoísta sería mucho más cómodo dejar la banda y ganar tiempo libre para cultivar mi carrera profesional o, qué sé yo, para hacer surf«, reconoce Acosta. Y añade: «Siempre estamos muy cansados, pero cuando dejamos de vernos dos meses por falta de conciertos ya sentimos nostalgia».
Se han hecho un hueco en el sector y han lidiado con cientos de obstáculos.En este proceso de cantar, de girar por el mundo y de madurar ideas, la banda se ha convertido en la clave para expresarse y para mantener abierto un canal hacia las emociones. Quizá por eso dejarlo nunca ha sido la solución y Viva Belgrado aún se mantiene a flote 15 años después. Más de una década de trabajo y sacrificio, más de 30 países visitados y cerca de 400 conciertos. En cifras, no los gana nadie. Y con una trayectoria como la suya, ¿qué más les queda por conseguir en el sector? Nunca es suficiente, dicen. Quieren explorar Asia con la banda y volver a América Latina en un futuro, quieren componer más y ganar más relevancia pero, por encima de ello, todo se resume en un único objetivo. «Vivir de ello».
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