Prime Crime: A True Story: El regreso exagerado de Gus Van Sant (**)

A un lado la incomprensible no-traducción del título que ha viajado desde el original Dead Man’s Wire al mucho más castizo, español e identificable Prime Crime: A True Story, el regreso de Gus Van Sant a sus fueros más reconocibles, violentos y críticos, después del melodrama sobón al servicio de Joaquin Phoenix No te preocupes, no llegará lejosa pie, trae consigo una noticia buena y una mala. La buena es el simple hecho de que el director de obras capitales como Todo por un sueño, Elephant o, apurando, Paranoid Park vuelve y eso ya es de por sí un motivo de celebración. De nuevo, su mirada siempre ácida sobre una sociedad, la nuestra, herida y enferma de pesadillas como la soledad, la perversión de los medios de comunicación y la arrogancia criminal de los poderosos se revela como una provocación desesperada y muy cruda. La mala noticia viene provocada, precisamente, por ese mismo deseo, ahora ansia, de volver. Se diría que que el pulso calculadamente incómodo, casi silencioso, de sus mejores trabajos ahora es una celebración de la cacofonía entre el estruendo y el simple ruido. La provocación, decíamos, está ahí, pero lo está de manera tan descarada y evidente que agota.

 El director de obras capitales como Elephant vuelve a su registro más identificable con un thriller alocado entre la revelación y el simple caos  

A un lado la incomprensible no-traducción del título que ha viajado desde el original Dead Man’s Wire al mucho más castizo, español e identificable Prime Crime: A True Story, el regreso de Gus Van Sant a sus fueros más reconocibles, violentos y críticos, después del melodrama sobón al servicio de Joaquin Phoenix No te preocupes, no llegará lejosa pie, trae consigo una noticia buena y una mala. La buena es el simple hecho de que el director de obras capitales como Todo por un sueño, Elephant o, apurando, Paranoid Park vuelve y eso ya es de por sí un motivo de celebración. De nuevo, su mirada siempre ácida sobre una sociedad, la nuestra, herida y enferma de pesadillas como la soledad, la perversión de los medios de comunicación y la arrogancia criminal de los poderosos se revela como una provocación desesperada y muy cruda. La mala noticia viene provocada, precisamente, por ese mismo deseo, ahora ansia, de volver. Se diría que que el pulso calculadamente incómodo, casi silencioso, de sus mejores trabajos ahora es una celebración de la cacofonía entre el estruendo y el simple ruido. La provocación, decíamos, está ahí, pero lo está de manera tan descarada y evidente que agota.

Dead Man’s Wire (literalmente, el alambre del hombre muerto) ahora Prime Crime: A True Story (literalmente un disparate de alguien con espíritu creativo) toma como inspiración lo ocurrido en febrero de 1977 cuando un hombre primero hipotecado y luego estafado (o al revés) por un banco de Indianápolis tomó como rehén al hijo del dueño. El hecho se convirtió en un acontecimiento en su momento y no fue ajeno a su fama el método utilizado: un alambre atado al gatillo que rodeaba el cuello de la víctima. Van Sant convierte en casi comedia, casi thriller, casi drama, la historia con la intención declarada de que sea, en verdad, metáfora, parábola o simple ilustración de lo que nos pasa aquí y ahora. Pero lo hace, y aquí el problema, con la voluntad de epatar al espectador de manera tan prolija y subrayada que se diría que, por momentos, a poco está de coger por las solapas (caso de aún se lleven) al espectador y zarandearle sin el más mínimo sentido ni de la medida ni del pudor.

Lejanamente inspirada en películas irrefutables como Tarde de perros, de Sidney Lumet, ahora toda la carga de la prueba está no en Al Pacino (aunque suyo es el secundario más relevante) como en un Bill Skarsgård ya abonado tras películas como Blindado, Kill boy o El cuervo, y series como It: Bienvenidos a Derry al papel de loco de atar (con o sin cable). Lo cual, vuelta al principio, es bueno y es malo. Es bueno porque se lo sabe, es malo porque ya roza la parodia. Y así.

La película funciona a medias y no siempre. Es decir, como los intermitentes, una veces va y otras simplemente se queda a oscuras. Con estrellas como el citado Pacino secundado por Colman Domingo en el reparto, la propuesta de Van Sant se antoja brillante por fuera de norma, por histérica si se quiere, por simplemente Van Sant. El problema es que la total ausencia de ritmo y las lagunas de un relato tan premioso como descontrolado ahogan en buena medida tanto el resultado como, más importante, la moraleja que no es otra que los que robaron en los 70 son los que roban ahora. Y ahí seguimos.

Director: Gus Van Sant. Intérpretes: Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Cary Elwes, Al Pacino, Colman Domingo. Duración: 104 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.

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